Marta - El sofá
El trayecto hasta el piso de Marta fue inusualmente silencioso, pero no era un silencio incómodo. Era esa clase de quietud que precede a los momentos importantes. Él conducía con la vista fija en la carretera, todavía sintiendo el rastro del rubor en sus mejillas, mientras Marta, apoyada contra la ventanilla, lo observaba de reojo con una mezcla de ternura y expectación. Al llegar al portal, él aparcó el Subaru con su precisión habitual. Marta bajó primero, esperando a que él sacara las llaves del contacto. —Es aquí —dijo ella señalando el edificio, un bloque moderno con grandes ventanales—. No te esperes nada del otro mundo, que ya sabes que paso poco tiempo en casa. Subieron en el ascensor en un silencio eléctrico. Al abrir la puerta del piso, un suave aroma a jazmín y limpieza les recibió. El salón era minimalista, muy "Marta": elegante pero con un toque de calidez que se notaba en las mantas de lana sobre el sofá de cuero gris y los libros de fotografía apilados. —Ponte ...