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Marta - El sofá

 El trayecto hasta el piso de Marta fue inusualmente silencioso, pero no era un silencio incómodo. Era esa clase de quietud que precede a los momentos importantes. Él conducía con la vista fija en la carretera, todavía sintiendo el rastro del rubor en sus mejillas, mientras Marta, apoyada contra la ventanilla, lo observaba de reojo con una mezcla de ternura y expectación. Al llegar al portal, él aparcó el Subaru con su precisión habitual. Marta bajó primero, esperando a que él sacara las llaves del contacto. —Es aquí —dijo ella señalando el edificio, un bloque moderno con grandes ventanales—. No te esperes nada del otro mundo, que ya sabes que paso poco tiempo en casa. Subieron en el ascensor en un silencio eléctrico. Al abrir la puerta del piso, un suave aroma a jazmín y limpieza les recibió. El salón era minimalista, muy "Marta": elegante pero con un toque de calidez que se notaba en las mantas de lana sobre el sofá de cuero gris y los libros de fotografía apilados. —Ponte ...

Marta - Menudo tándem

 El Subaru ronroneaba de nuevo mientras salían del garaje, dejando atrás el desastre del baño y el aroma a café frío. Él se sentía renovado, como si el agua hubiera arrastrado también las dudas que le pesaban en el pecho. —¿Conduzco? ¿Conduces? —preguntó Marta mirándole de reojo con las llaves todavía cerca. —Te ha gustado el Subaru, ¿eh? —rio él mientras rodeaba el coche—. Si es que ya le digo yo a Manuel que va como un tiro. Lo que te apetezca más. —Venga, pues ahora descanso yo un poquito —decidió ella, deslizándose en el asiento del copiloto con una agilidad que él no dejaba de admirar—. Dime la dirección y te voy indicando. Él arrancó y, una vez en marcha, disfrutando de la potencia del motor bajo sus pies, se dio cuenta de un detalle técnico importante. —Oye, se me ha olvidado decir a Javi que, si es posible, esté el informático presente. ¿Te importa llamarle y se lo dices? —le pidió—. Llámale desde el mío para que ya conozca mi número, que aquí no hay manos libres, jajaja. M...